Alternancia y Alternativa en Política | El Blog de José Alberto Díaz-Estébanez León

Alternancia y Alternativa en Política

Ene 19, 2010

Alternancia y Alternativa en Política

Se suele dar por sentado como un principio intrínseco a la Democracia la “alternancia política”, entendiendo como tal el relevo sucesivo de distintas fuerzas o partidos en el ejercicio del poder. Y lo cierto es que no es así. Al menos no es necesariamente así. En todo caso, la alternancia es una consecuencia lógica que suele darse a lo largo del tiempo: ya sea debido al desgaste o los errores de quien gobierna, o al mejor planteamiento de programas y candidatos de la oposición, tarde o temprano se debe dar el cambio en cualquier institución democrática.

Pero la alternancia en sí misma, y quien la invoca –generalmente quien está en la oposición, y con demasiada frecuencia quien está ahí durante mucho mucho tiempo, sin darse cuenta de que probablemente esté “chupando banquillo” fundamentalmente por su propia torpeza o incapacidad- sólo implica un “quítate tú pa’ponerme yo” (parafraseando la clásica salsa), o en todo caso un sistema falseado de la propia democracia que ya puso en marcha con relativo éxito Cánovas del Castillo en la época de la Restauración monárquica de finales del siglo XIX, que pactó con lo que entonces podría entenderse como “izquierda dinástica” en la persona de Sagasta un sistema de “turnismo político”: se daba así una apariencia de estabilidad que eliminaba el efecto de desgaste en el poder, restringiendo en realidad muchos derechos y libertades para una democracia censitaria, sin una verdadera oposición, y que dio como resultado el surgimiento de una auténtica oligarquía y el caciquismo. Se turnaban así pacíficamente en el poder liberales y conservadores en aparente armonía, sin darse cuenta que la realidad histórica y social de España se encaminaba al borde del precipicio: así entramos en el siglo XX.

Viene a cuento esta referencia histórica (que reconozco que puede parecer algo pedante, pero que le hubiese encantado a mi viejo profesor y Premio Nacional de Historia, Carlos Seco Serrano, aunque él seguro que hubiese defendido a capa y espada a Cánovas) porque la esencia democrática no viene de la supuesta alternancia, sino de la auténtica alternativa: la capacidad de ofrecer al electorado una propuesta que genere ilusión y confianza, no para “cambiar” sino para “mejorar”. No existe un ingrediente único: los candidatos y los programas, el liderazgo y el equipos, la imagen y las campañas, lo hecho en el pasado y los objetivos de futuro… todo forma parte de ese cóctel que todos los partidos buscan como auténticos alquimistas modernos para dar con la piedra filosofal de la victoria en las urnas.

Esta capacidad transformadora o regeneradora puede darse entre distintos partidos, o dentro de la misma fuerza política, si ésta tiene capacidad de regeneración interna. Hay partidos en toda España, en todos los ámbitos institucionales, que se mantienen durante muchos años, incluso décadas en el poder. Esto no es bueno ni malo en sí mismo, siempre que sea con el beneplácito mayoritario de los ciudadanos. Lo que también es cierto es que unos partidos siembran su historia de personalismos, que lleva a que los mismos líderes se eternicen en el poder hasta que son “derribados” en las urnas o por imperativo de la ley natural del tiempo, mientras que otros son capaces de buscar alternativas dentro de sí mismos. Y hay que reconocer que siempre genera enormes dificultades el relevo interno, pero mucho más cuando se hace desde el poder: porque alguien debe tener la generosidad de ceder el bastón de mando, y lo hace cuando aún manda.

Mucho más triste, incluso patético, me resulta la imagen de dirigentes que reclaman esa “renovación” a quien gobierna, y son incapaces de hacerlo ellos mismos. Patético porque se puede reclamar esa capacidad a quien gana elecciones, pero al fin y al cabo han contado durante esos años con el respaldo de su electorado, mientras que ellos llevan esos mismos años (a veces, incluso más) presentándose y perdiendo una y otra vez. A lo que suelen responder con el recurso de la pataleta infantil, la nula capacidad de reconocer el mérito de quien ha ganado… y llamando indirectamente imbéciles a quienes no les han votado. Sencillamente, patético.

2 Comments

  1. Macu Fuentes

    Totalmente de acuerdo, en la política llegamos al desgaste y ahí debemos usar el sentido común de una retirada digna

  2. Jose

    Todo lo que tiene un principio tiene un final. Y en estas elecciones es el de ustedes. Disfruten de sus últimos meses al mando y empiecen a estudiar alternativas de trabajo que llevan tanto tiempo en esto que no saben hacer otra cosa.

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